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Autor Tema: ¡¡¡ LA CAPADA DE UN CABALLO  (Leído 939 veces)

Desconectado RICARDO AR

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¡¡¡ LA CAPADA DE UN CABALLO
« : septiembre 21, 2012, 02:13:50 pm »
¡¡¡ LA CAPADA DE UN CABALLO !!!!
Escritor: Benjamín Angel Maya
País: Colombia

Recordemos que este caballo fue cruelmente CAPADO, no por malo, al contrario, por que era demasiado bueno... y la intolerancia de las guerras absurdas de nuestro paìs lo llevaron a pagar inocentemente, las consecuencias de lo que no debìa y siendo un CABALLO EXPECTACULAR , termino siendo lastimosamente UN CABALLO CAPADO.

¡Oh! Qué triste y amargo mi penar
Cuando supe que me iban a capar.

Cuando aquél de quien era prisionero,
Sal llevaba al potrero,
mucho que me alegraba,
pero jamás aquella sal probaba.
Ni un grano me dejaba ese judío,
aunque era el potro compañero mío.

Razón porque viviera yo lanudo
y él gordo y mofletudo
como cebado sacristán ocioso
donde veneran santo milagroso.
Yo crecía y crecía.

(Hasta aquí Juan de D. Botero
En su historia de un bagaje
Contada por él mismo).

Más a pesar de todo yo engordaba.
Y mi estampa viril aumentaba
dejando casi muerto de la tusa
a mi socio, que con cara de lechuza,
Cuatralbo, coleador, carranchiloso,
Angurriento, logrero,
Jactancioso, mancoreto,
tragón, medio cachorro,
petulante, trotón y bien pedorro.
Oliendo aquí y allá
correteando, triscando, ansioso
y anhelando ser caballo
bien ágil y contento,
yo lanzaba relinchos con aliento,
iba y venía al trote alebrestado,
o galopando, o al paso repicado,
o ensayando posturas a porfía
en busca del amor con ardentía.

De pronto sucedió, ¡quien lo creyera!
Que al final de una gira mañanera,
me topé de improviso unas potrancas
de cuello erguido, de lustrosas ancas,
que pastaban contiguas a do yo estaba;
aunque un vallado feroz nos separaba,
ya que su dueño, un viejo montarás,
no permitía las olieran por detrás.

Tal suceso volvióme medio loco
y enamorado, relinchaba un poco,
bien duro, que me oyeran ellas,
tan vistosas, tan ágiles, tan bellas,
tan esbeltas, tan lúcidas e inquietas,
tan brinconas, tan finas y coquetas,
tan cerreras, tan vírgenes y prietas,
tan ariscas, tan buenas y secretas.

Mas, animado por las vitaminas
y repleto de fuerzas ultra equinas
una mañana me salté el vallado
y en carrera veloz llegué a su lado,
sudoroso, retozón y alebrestado,
nervioso, tembloroso, apasionado,
con algo muy largote y entiesado
que me salió del cuerpo acalorado.

Con salemas y piruetas cortesanas
me recibieron las apuestas damas,
y yo autorizado por aquellas gracias,
hice sobre ellas tales acrobacias
que casi me desmayo en el instante,
pues bajé débil, extenuado, agonizante,
con la verga trompona y chorreante
y un copioso sudor escalofriante.
Y sucedió que mi patrón furioso
por ese atrevimiento escandaloso,
mandó que me llevaran al corral.

Que me tumbaran y me echaran pial.
Y me sacaran los derechos que tenía
a ser caballo de raza y lozanía,
pues siendo tal nacido y descarado
merecía por siempre estar capado.

Reunidos en torno a un bramadero
con la soga más fuerte del vaquero
me amarraron las manos y las patas,
pasando por el cuello unas tirantas
que al recobrarlas con fiereza enorme
me convirtieron en su yugo informe,
sin derecho siquiera al pataleo,
mas, sufriendo de orina un goteo.


Provisto de un platón con veterina,
de navaja, de aguja y piola fina,
llegó por fin el capador infame
y sin piedad, siquiera sin hablarme,
presumido, poniéndose en cuclillas
comenzó a irrespetarme las criadillas
con apretones sin piedad alguna
y haciéndolas brincar una por una.

Fue tan cruel el criminal antojo
que me dejaron descubierto un ojo
para que viera sin perderme nada
la triste operación de mi capada.

Dos cortadas finitas y largotas
dejaron la salida a mis pelotas
envueltas entre fibras y tendones,
las cuales reventaban a tirones
delante del hijo de la mancoreta.
Con un feo vacío entre la horqueta
bañado en sangre, la pupila yerta,
angustioso, fujido por la jeta,
desintegrado y la mirada incierta
y la viril estampa descompleta.
Ya no podría calar mi bayoneta
Ni mantener mis dos en la bolseta.

Lo cierto fue que el capador vergajo
terminó por tirarle lo que extrajo,
adherido a membranas y tendones,
o sea, lo que llaman los cojones,
a una perra sarnosa, embarazada,
que estaba vigilando la capada.
En el aire los pedazos atrapaba
y en una exhalación se los tragaba.

Y vino, entonces, aflicción completa,
el capullo me quedó como una olleta,
dejándome adentro cierta cosa
que en antes se salía victoriosa.

Creció miedosamente la hinchazón
y en la herida resultóme comezón,
quizá, porque vaqueros inhumanos
propiciaron la entrada a los gusanos.
para sacarlos, metiendo un dedo.
¡Ay! De dolor pujaba y me tiraba un pedo.
Con remedios y curas a porfía
que me hacían bien duro cada día,
se fue calmando mi penar tremendo
y otra persona yo me fui volviendo
pues, me quedó relincho aflautado
y el caminado un tanto amanerado.

Me gustaron los machos, no las yeguas.
Y decidido sin temor a menguas
mordía los primeros en las ancas
en vez de acariciar a las potrancas.
¿Qué dirían tan lúcidas y tiernas
al notar el vacío entre mis piernas?
¿Y qué burlas me haría el compañero,
si veía, por Dios, que no era entero?
Ni elegancias, ni guiños repelentes,
ni tampoco fiereza de los dientes,
ni cuello grueso, ni elegante alzada
me quedaron después de esa capada.

Por ello, amargado con el tal avieso
y ya resuelto a no pensar en eso,
cacorro me volví, ¡quién lo creyera!
¡Con todo lo verraco que yo era!
Y qué otro camino me quedaba
si pena tan amarga me agobiaba.
Talvez, pedir al cielo soberano
se le secara íntegra la mano
al ***** de moral tan baja
que optó por aplicarme la navaja
y por echarme sal en el zurrón
para que fuera intenso mi dolor.

Yo hasta pudiera convenir con eso,
si enlazaran al potro del pescuezo
para hacerle maldad tan atrevida,
antes de darse cuenta de la vida
y no luego de iniciarse con ardor
en los goces supremos del amor.
No es lo mismo ser ciego de nación
que habiendo disfrutado de misión.
Parece inexplicable la crueldad
de ir capando a los de cierta edad,
pues resulta, al cogerles el atado,
que una pelota dizque no ha bajado,
lo que implica aplazar la operación
hasta que estén las dos en el bolsón.
Quién hubiera sabido tal rareza
para esconderlas bien en la cabeza.

Perdonadme lo rudo del lenguaje
al contar la succión de mi equipaje.
Hay que ponerse en el estado de uno
y pensar en el verbo caballuno,
tan escaso de frase iluminada,
para contar en verso esa capada
que me dejó amargura de por vida
a causa de esa gente malparida.

¡Oh! El bello padre altivo y arrogante,
los retozos de amor y aquel instante
con las potrancas coquetas del vallado,
en las cuales monté tranquiparado,
ansioso de romperles el virgado
con fuerza de salir al otro lado,
así quedara todo encalambrado,
Pero jamás, por Dios, sexi mediado.

Y aquí le pido con respeto entero
al gran poeta Juan de dios Botero,
quien andará de gancho con Gregorio,
librados ya del fiero purgatorio.
Disculpe intromisión tan descarada
de meterle a su historia una capada.
Lo hice por ser escandaloso, registrar
un caballo andariego, sin castrar
y más habiendo sido de alquiler
y sirviendo de bagaje a una mujer
o en la casa de un cura reverendo.
O una recua de mulas conduciendo
por calles y caminos, no es decente
andar con el mercado tan pendiente.
Con ello se corrompe al inocente
y se infunde malicia a mucha gente.

Y, a los nobles amigos de la silla,
si acaso les gustó mi croniquilla
les aconsejo con cariño cierto
que mantengan el ojo muy abierto,
y no echen sus yeguas en potrero
donde pueda pastar táparo entero
Que las logre preñar de madrugada
para luego ganarse una capada.

Para constancia de la historia ruin,
firmada va, por Ángel Maya Benjamín.
En lugar de estar testiculado
quedé para siempre mutilado

Desconectado HLPrad

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Re:¡¡¡ LA CAPADA DE UN CABALLO
« Respuesta #1 : septiembre 21, 2012, 02:35:33 pm »
excelente expresión literaria

Desconectado JuanPVelez

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Re:¡¡¡ LA CAPADA DE UN CABALLO
« Respuesta #2 : septiembre 21, 2012, 02:50:28 pm »
Excelente..

Desconectado GUDENA21

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Re:¡¡¡ LA CAPADA DE UN CABALLO
« Respuesta #3 : septiembre 21, 2012, 05:45:59 pm »
MUY BUENO!!!

 

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